5 de diciembre de 2022

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Educación: ¿Cómo afectó la pandemia del COVID-19 a las bibliotecas?

La Bibliotecaria local, Danesa Ponce, a cargo de la Biblioteca Popular «El Libro Alegre» en Carlos Casares, como toda la sociedad, de forma obligada por la pandemia del Coronavirus, vio afectada su tarea diaria a principios de 2.021; y por esa razón, acudimos a su palabra para conocer cómo cambió el paradigma del área que también debió reinventarse. Y este fue su análisis.

El año 2020 fue un año de muchos cambios y nuevos paradigmas para las bibliotecas. Cambios que desde hace un tiempo venían sucediéndose, el formato híbrido fue dominante para todas ellas, el traspaso a entornos digitales y la visualización de sus servicios en medios web. Es oportuno aclarar que no es lo mismo hablar de bibliotecas digitales que de bibliotecas digitalizadas, virtuales o electrónicas; las bibliotecas digitales son aquellas que no poseen un espacio físico (una persona no puede dirigirse a un domicilio a visitar la institución) estas bibliotecas  prestan sus servicios informativos a través de colecciones que se encuentran sólo en formato electrónico, es decir, no tienen otro soporte como es el papel. Las bibliotecas digitalizadas/virtuales o electrónicas  prestan sus servicios informativos en colecciones que se encuentran en varios soportes, como es el formato tradicional, en papel y documentos en formato digital, y una persona sí puede ir a visitar, a conocer la institución en su espacio físico.

Danesa Ponce, bibliotecaria a cargo de la Biblioteca El Libro Alegre.

Este tiempo de pandemia fue bastante complejo debido al cierre de todas las bibliotecas, un cierre repentino, que sucedió en cuestión de días, fue un periodo duro de adaptación del personal bibliotecario y de pensar y generar estrategias para sobrellevar esa situación, fue un año muy productivo para los ejercen esta profesión, se potenció el trabajo colaborativo, se realizaron estudios sobre el impacto en la sociedad, sobre todo en la sociedad de la información con sus consumos culturales y sobre todo con sus consumos literarios, a lo cual podemos decir que el comercio del libro en formato papel se vio afectado por cuestiones de atrasos en sus publicaciones, en su distribución, y sí hubo un mayor consumo de publicaciones electrónicas (e-pub) y libros digitales (e-book) en todas las coberturas temáticas, tanto recreativas (novelas, ficción) como de material para estudio; este mercado de libros electrónicos también es más accesible y económico que el formato tradicional del libro en papel. Actualmente y a raíz de estos cambios paradigmáticos muchas obras literarias las podemos conseguir en tres tipos de soportes (formato impreso/papel, e-book y audiolibro) que llevan al lector a romper barreras estructurales y a conocer nuevas formas de acercarse a una obra, en este caso, literaria.

Una pregunta clave es qué hicieron los bibliotecarios y las bibliotecarias que no iban a sus tradicionales rutinas de trabajo en una biblioteca, en las distintas ramas de la profesión bibliotecaria se contribuyó a hacer frente a esta pandemia desde nuestro trabajo, desde nuestra tarea, primero se realizaron estudios de laboratorio  sobre la peligrosidad de contagio  del virus a través del material papel, para  saber si esa una vía de contagio y qué periodo de duración  tenía en el soporte papel, gracias a los múltiples estudios de este tipo se pudieron elaborar de distintos protocolos de bioseguridad, tanto para el personal de biblioteca como para preservar las colecciones, el fondo bibliográfico y documental de las bibliotecas.  Se convocó a través de la IFLA (Federación Internacional de Bibliotecas y Asociaciones bibliotecarias) a un panel de urgencia para tratar estos temas, en Argentina, el referente de IFLA  es la Biblioteca del Congreso de la Nación.

El principal desafío también en este proceso de cambios fue la brecha digital que existe en las bibliotecas, las cuales algunas no tienen medios para acceder a equipamientos tecnológicos, otras no tienen personal capacitado para digitalizar sus servicios, y otras barreras que surgen por cuestiones de la cultura organizativa de cada institución. La Alfabetización Informacional no es un tema presente en lo que respecta a gran parte de las bibliotecas públicas municipales y bibliotecas populares, si bien estamos invadidos por el consumo digital y nos encontramos en un proceso de transición hacia lo digital, nos encontramos con presencia de brechas que resaltan aún más la desigualdad social y la desigualdad digital.

Hay competencias que integran la alfabetización informacional, una de ellas podría centrarse en la búsqueda de información en un medio digital, en la web, en una base de datos, y para eso el bibliotecario tiene que poner a disposición de los usuarios los métodos de búsquedas de información y colaborar en el proceso de búsqueda de información, en el filtrado de información, en el acceso a sitios webs seguros y acordes a necesidades informativas, y en este proceso desarrollar el pensamiento crítico de los usuarios.

Un usuario alfabetizado informacionalmente es aquel que puede buscar información, identificar aquella de su interés, evaluar la calidad de esa información recuperada y usarla en cualquier ámbito de su vida. Muchas bibliotecas comenzaron a realizar actividades recreativas a través de redes sociales como fueron videos en vivo en jornadas de lectura, clubes de lecturas, escritura, talleres que pasaron de la modalidad presencial a la virtualidad, llamadas por teléfono ofreciendo un poema, un susurro, un haiku. En cambio otras bibliotecas y bibliotecarios se propusieron hacer frente a lo que fue la edición y mejoramiento de sitios web seguros para la búsqueda de información, desarrollando aplicaciones móviles para la lectura y asesorando sobre consultas relacionadas con la información ciudadana. También en la detección de Fake News y erradicación de las mismas.

La Biblioteca El Libro Alegre, cuenta con más de 12.000 libros.

Fue muy interesante el desarrollo del capital cultural promovido desde las bibliotecas y detectar los usuarios en vulnerabilidad social, hubo una jornada de intercambio que lo convocó  Bibliotecas de EEUU para conversar sobre procedimientos operativos y prácticas durante la situación que atravesamos, (estas bibliotecas están preparadas para lo que son los desastres, accidentes y catástrofes naturales) oportunamente también sirvió de capacitación para aquellas bibliotecas que no están preparadas para este tipo de situaciones, las bibliotecas que participaron fueron bibliotecas públicas, comunitarias y populares de América, y los representantes de Argentina fueron una biblioteca popular de Misiones y Biblioteca popular El Libro Alegre invitada por Yago Cura (de Biblioteca Pública de Los Ángeles), BP El Libro Alegre está capacitada para trabajar con los ODS de la agenda 2030 de la ONU. 

Lograr que la información y que el ocio a través de la promoción de lectura pueda llegar a todas las personas fuera el principal desafío en este proceso de cambios.  Actualmente, un año después la situación sigue siendo compleja, no se ha restablecido en su forma total el trabajo dentro de las bibliotecas, están parcialmente abiertas o con horarios restringidos. En lo que respecta a la Biblioteca Popular El Libro Alegre, se continuó trabajando aunque esté cerrada al público (hasta nuevas disposiciones de autoridades provinciales)  se incorporaron una gran cantidad de obras literarias, se aguarda el retorno y la apertura al público nuevamente.