5 de diciembre de 2022

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Hizo la carrera de Cine junto a su hijo autista para ayudarlo a recibirse y ahora harán una película juntos

Foto: Infobae.

Maximiliano Wurzel recibió el diagnóstico de Trastorno de Espectro Autista, pero no dejó que eso se interponga en sus sueños. Cuando decidió estudiar para ser Realizador Integral de Cine y TV, su madre Rosana se sentó a su lado cuando volvía de las clases y estudió cada renglón con él hasta completar la carrera, que el joven terminó con 8.45 de promedio.

“Quiero que mis guiones no terminen en un cajón”, dice Maximiliano Wurzel. Tiene 21 años, nació en la ciudad de Buenos Aires, en las redes sociales es conocido como “el activista del amor”, se recibió de guionista y sueña con rodar una primera película inclusiva. Pero además, Maximiliano recibió de pequeño el diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista. Eso nunca lo detuvo, pero su derrotero, hubo alguien que nunca lo abandonó: su madre, Rosana Murgi -que había sido profesora antes de tener a Maxi, se dedicó a la informática y a la consultoría de recursos humanos-que durante los 3 años que duró la carrera de su hijo se sentó junto a él clase tras clase y completó el mismo curso. Sólo le faltó recibir el mismo diploma. No obstante, ya lo decidió: será la productora del film que harán juntos.

“Era el mejor de los alumnos, siempre estaba en las clases online, hacía preguntas, y prestaba atención. Pero no entendía cuándo hablan rápido o muchos a la vez”, comenta Rosana. Frente a esta situación: su madre además de acompañarlo en las clases online, las tardes las dedicaba a poder transmitirle lentamente las lecciones online. El resultado: Maximiliano afrontó toda adversidad. En 2021 se recibió con un promedio de 8.45.

Maxi tenía 2 años cuando sus padres notaron que algo sucedía: no podía formar frases y más bien repetía palabras sueltas. Recibió, entonces, el diagnóstico de Trastorno General del Desarrollo. “Era muy movedizo, curioso, y se conectaba con todas las emociones que de quienes lo rodeaban”, dice su madre. Y resalta un detalle: “Abrazaba a todas las personas que sentía que precisaban un abrazo”.

El joven habla poco, y cuando lo hace su acento suena neutral, como si fuera mexicano. Comienza la charla con una sentencia: “Eliminaría la etiqueta de discapacidad, porque para mi todos somos únicos, valiosos, e irrepetibles”. Y luego observa con mucha atención un cuadro de Chini, una exitosa referente y pintora de 21 años con Síndrome de Down. Se emociona, se toma una fotografía junto al mismo y repite una y otra vez que la quiere conocer.

La curiosidad es su guía: pasa sus manos por los objetos, los mira con mucho detalle, y abraza -como contó su mamá- a quien se cruce en su camino. Con unos ojos azules cristalinos, contempla un póster de cine, y repite: “Cuando tenga mi película voy a coleccionar en marcos los folletos de las carteleras”. Hasta que se siente cómodo y se sienta.

Entre chocolatada y galletitas, saca una carpeta de folios. Allí está cada uno de sus proyectos. Sonríe, no para de hacer corazones con sus manos y fija la vista en un punto. Sin duda, transmite pureza.

“Soy un guionista de la era del amor”, asegura con una enorme sonrisa. Abraza a su madre, que lo acompaña a todas partes, y continua: “para mi el cine es un vehículo para la evolución. Es la forma de despertar a quienes están dormidos, de poder transformar todo el dolor de la humanidad en paz”.

Se pone más tierno, se pierde entre caricias. Y regresa, desde esa silla, a la conversación. “Yo creo que el amor puede todo, es lo que nos transforma, yo amo a todas las personas, y tengo una misión en esta vida”, afirma. Quiere seguir el orden cronológico del papel que trajo. “Necesito estar ordenado y seguir las estructuras, sino me voy a perder”, comenta al pasar.

Durante toda su educación tuvo el acompañamiento de profesores niveladores y de atención terapéutica. Pero por sobre todo, su madre, quién nunca lo dejó solo. A los 10 años lo veía escribir, sin soltar aquellos cuadernos o la computadora. Recuerda, mientras la vuelve a abrazar: “Cuando mi mami me veía en la compu pensaba que eso eran cuentos o historias, pero yo ya le decía que iban a ser mis películas”, explica. Su madre asiente: “Desde esa edad sabía que iba a ser cineasta. Aunque pensábamos que se trataba de un juego, él ya estaba seguro de quién quería ser”.

Por esa razón, a los 15 años se cambió de colegio para recibir un mayor estímulo audiovisual. “Los 3 últimos años del secundario los cursé en el IEVP (Instituto Español Virgen del Pilar), un colegio inclusivo con orientación artística, donde fui feliz y libre. Me basé en lo artístico, aunque al principio me fue muy doloroso hacer el cambio, por dejar a mis amigos y al cole de mi niñez. Me pone triste, porque eso me dolió mucho”, sostiene.

Esa pasión por el arte no solamente se dio en los estudios, sino en todos los aspectos de su vida. Recolectaba cada cosa que le llamaba la atención. “Me decían cartonero”, dice con seriedad. “Yo siempre armé cosas en casa, y hacía mi taller de arte. Tenía todo lleno de hojas, cajas, pinturas, latitas, y muchas piedras”, cuenta el guionista.

Durante esa adolescencia, en la que tenía una obsesión por las películas, comenzó a formarse en la escuela “Cineastas del Futuro”. Mientras que, al mismo tiempo, nació en él su lado espiritual. Ambas pasiones se combinaron para que se anime a crear sin límite.

Al enterarse que un tío sufrió cáncer, se puso a estudiar reiki para intentar salvarlo con la energía de sus manos. Desde allí continuó con libros sobre espiritualidad y meditación. “Cuando termine el colegio empecé a entender qué era lo que me hacía distinto, qué era lo que los demás veían en mí, mi diagnóstico, las fortalezas y debilidades”, dice.

“Me sumergí en la búsqueda de mi misión de vida para entender porqué soy así y cual es el motivo de porque tengo estas capacidades de percepción y de conexión, o porqué amo incondicionalmente y habló sin filtros. Incluso para entender por qué me costó tanto aprender a hablar y entender el habla”, agrega. Su conclusión: “A lo que llegué fue que mi misión es unir mis sentimientos más profundos, mi amor incondicional con mi medio de expresión más cómodo -el cine- y transmitir así conocimiento espiritual y valores humanos, para ayudar a que las personas a ser más felices y avanzar en su evolución”.

Para Maximiliano, por ser reikista, las manos son lo más importante de la vida. Explica que no son únicamente el canal que dirige la energía, sino que son las huellas de las creaciones humanas. “Cuando vi la mejor obra maestra de toda la historia, la Mona Lisa, sentí la energía de Da Vinci, porque en el cuadro queda impregnado la magia de su creador”, ejemplifica. Da más detalles: “Todas las creaciones humanas tienen esa fuerza que trasmiten las personas que las hacen, incluso los libros, tienen la vibración de la pluma del escritor”.

Es por eso que se sienta en el piso de la sala, respira hondo, y comienza una meditación. Regresa y declara: “Aunque el cuerpo es efímero, el alma es eterna”. En sus manos, juega con un cuarzo de cristal que hace juego con su collar.

Regresa a la lista de puntos que anotó, y se detiene en la educación y el gran esfuerzo que tuvo que afrontar para poder comunicarse y seguir las clases. Su madre toma el ritmo de la conversación. “Un día me llamaron para avisarme que iba a ser abanderado, si quería ir. Me fui corriendo al colegio y lo vi. Fue uno de los momentos más felices de mi vida”, dice mientras unas lágrimas se desprenden de sus ojos.

Pero eso no fue todo, Maximiliano estaba convencido de que quería continuar sus estudios. Se anotó en el Centro de Investigación Cinematográfica (CIC) para la carrera de Realizador Integral de Cine y TV. “Mi mayor dificultad para estudiar fue no poder seguir ni entender el ritmo de las clases puramente verbales. Cuando un profesor habla rápido y emite sonidos: me desconecto y no puedo entender la conversación. Mi velocidad de procesamiento no podía seguirlos”, aclara.

Frente a la dificultad de comprensión verbal, se esforzó y no dejó que siquiera eso le impidiera conseguir su sueño. “Yo tenía que aprender a mi ritmo, tenía profesores integradores, y en casa tenía que ver todo de nuevo, hacer las tareas y completar los apuntes”, comenta. En cuanto a las relaciones sociales, comenta: “Con los amigos no me fue demasiado fácil”. Luego, entra en detalle: “Yo no entendía cuándo la gente hablaba en grupo, o de forma veloz, tampoco si es algo coloquial”.

Las lecciones que aprendió en su camino espiritual las plasmó en un guión que busca mezclar la ficción de la vida diaria con las enseñanzas. “Por mi cuenta comencé con mi primer guión de largometraje en el 2019, que registré al cumplir los 20. En el 2021 desarrollé un guión original de largometraje llamado “La gran Vibración”. Es un relato casi autobiográfico que combina las enseñanzas de grandes maestros, sabios y escritores de la historia (desde Jesús, Buda hasta Chopra o Coelho, entre otros) y su aplicación a la vida cotidiana”, asegura.

Pero eso no es todo, también se encuentra desarrollando un cortometraje autobiográfico sobre su infancia. Quiere crear contenido inclusivo, realizado por actores realmente neurodivergentes (con su misma condición) para poder, de esa forma, transformar la realidad. “El cine no es solo entretenimiento, sino que es el vehículo que hoy día nos puede abrir el corazón o el cerebro a nuevos caminos y alternativas, más en estos tiempos en que sufrimos complejos acontecimientos mundiales como la pandemia, los desastres naturales y la escalada de violencia”, asegura.

“Es muy poderoso el medio audiovisual y sé que las personas están preparadas para recibir conocimiento e ideas que les permitan sentirse mejor, estar más felices y avanzar en este camino de evolución, y pasar a vivir en un mundo más amoroso, compasivo y unido”, afirma.

Respira nuevamente. Se levanta y en un papel hace un dibujo: dos personas meditando, transmitiendo “energía” desde sus manos y un corazón en el medio que los une.

Fuente: Infobae